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"Si vis vitam, para morten". |
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"Si vis vitam para mortem" Como asi se afirma lo indispensable para vivir enfrentando a la muerte, no podria ser para menos, es dejar una marca de como nos rebuscamos para conseguirlo. Espero tus consejos, ideas, etc. Por favor!!! Mil gracias! |
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July 18 Mmm... Panqueques!!!... Cuak!Espero que les guste!! Cualquier excusa es buena para acompañar unos buenso mates y comer!! July 11 Sub Cultura GoticaEl gótico es una subcultura, un estilo, una manera de pensar. El
hilo común en la subcultura gótica es una apreciación por la dictonomía
de la vida, el contraste entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal,
con la conciencia de que no hay una sin la otra, y la idea de que los
juicios y valores asignados comúnmente a lo distinto no son
necesariamente ciertos.
Los góticos tienden a tener un sentido del humor oscuro y perverso, le tenemos amor a la literatura, a la historia, a la música, a la poesía, a la belleza, a la fealdad, a lo raro, a lo pálido, a los ojos delineados y uñas negras a los libros, lo profano, a la muerte, al amor, a la vida, a la tristeza, a las lagrimas, a la melancolía, etc La subcultura gótica frecuentemente se desarrolla alrededor de la escena musical, la que probablemente emerge como una evolución del Punk en Inglaterra. Incluso ciertas bandas consideradas como "clásicas" eran considerados como grupos con marcadas tendencias Punk. Además existe un lazo estrecho entre la escena gótica clásica y las tendencias industriales hecho que se manifiesta en la preferencia de algunos góticos por la piel y el vynil fuera del clásico terciopelo. En conclusión, el gótico no es más que una expresión de la belleza, la elegancia, el sentimiento y el arte, juntos en un movimiento tan vasto, tan rico, como puede ser el alma. July 10 el trauma de la irrrupcion de la sexualidad adulta en el universo infantil y sus consecuencias ulterioreseL TRAUMA DE LA IRRUPCION DE LA SEXUALIDAD ADULTA EN EL UNIVERSO INFANTIL Y SUS CONSECUENCIAS ULTERIORES"Ponerle nombre a ese daño horroroso""Las violaciones, incestos y abusos (que son categorías diferentes) constituyen el soporte de la irrupción de la sexualidad adulta en la vida de la niñez: la profanación del sujeto/niñ@, la subversión del orden que garantice la convivencia entre adultos y criaturas."Por Eva Giberti
Las citas bíblicas resultan esclarecedoras como antecedentes de violaciones e incestos en tanto irrupciones de la sexualidad adulta en el universo infantil y en la adolescencia, si bien no contamos con información suficiente para inferir los efectos de estas prácticas en sus protagonistas. Si nos acercamos al mito bíblico, leeremos, a partir del Génesis, que en determinado tiempo varios ángeles descendieron a la Tierra por mandato divino. Tenían la misión de acercarse a Lot, quien habitaba en una ciudad que conocemos como Sodoma. En la primera mitad del capítulo 19 del Génesis, refiriéndose a la ciudad de Sodoma, se narra el intento de violación, llevado a cabo por algunos habitantes de la ciudad, contra los ángeles que se presentaron como huéspedes de Lot. El diálogo de Lot con esos que pretendían violar a los forasteros -alojados en su casa- es suficientemente explícito: "Y Lot les dijo: 'Hermanos míos, no cometáis semejante maldad. Tened en cuenta que yo tengo dos hijas que no han intimado aún con hombre alguno. Permitidme que se las lleve afuera para que podáis hacer con ellas lo que os plazca. Pero absteneos de hacer algo a estos hombres, porque han venido a guarecerse bajo mi techo". Esta narración tiene un antecedente en el capítulo 19 de Jueces, que narraré sumariamente: un levita, con su mujer y su criado, no encuentra dónde alojarse, en la ciudad de Efraim; entonces, un anciano les ofrece hospitalidad. Vecinos de la ciudad pretenden violar al forastero y, para evitarlo, el dueño de casa les ofrece a su hija virgen: "Abusad de ella, haced con ella aquello que os plazca, pero con este hombre no cometáis semejante infamia". Se reitera el ofrecimiento de la joven virgen para la violación. La historia es más compleja: en paralelo, los vecinos deciden violar a la mujer del levita y así lo hacen durante toda la noche. Como consecuencia de ello y para evitarle el deshonor, su marido la descuartiza y reparte las doce partes de su cadáver entre las que serían después las doce tribus de Israel. La historia de Lot no finaliza en el punto que mencioné. Cuenta el texto bíblico que las hijas de Lot provocaron incesto con él después de haberlo embriagado. Habrían procedido de ese modo porque, después de la destrucción de la ciudad de Sodoma, no quedarían hombres capaces de fecundarlas, y decidieron engendrar con su padre. Pero las hermenéuticas actuales avanzan con otra lectura: se supone que Lot fue quien decidió el incesto. Existe una frase bíblica que permite suponerlo concretamente: "Quien se separe a sí mismo busca el deseo", lo que aclara que Lot deseaba a sus hijas. No resulta difícil reconocer la misma estrategia canónica, inicialmente desde el mito bíblico: la responsabilidad es siempre de las víctimas; son ellas las que causan la tentación. Y de ese modo se intenta gestar falsa memoria en las víctimas, tal como sucede actualmente. Este intento de provocar sentimiento de culpa y confusión en las víctimas constituye un clásico de las intervenciones actuales con los niños y niñas víctimas, ya sea por parte de las familias cuanto de las instituciones judiciales, salvadas sean las excepciones. La actual interpretación de los hechos anteriormente descriptos reclama la perspectiva propia de los textos considerados sagrados; en este modelo que expongo, la violación amenazante de la sexualidad de los varones (calificada como infamia), viola además las sagradas leyes de la hospitalidad, ya existentes en la Grecia Antigua. Corresponde interpretar que de este modo se rompe la frontera entre lo divino y lo humano, metafóricamente asociado a imponer la propia voluntad sexual contra la aceptación de quien sería la víctima: el quiebre de un orden establecido. Lo que no resulta sencillo para nuestra comprensión es asumir que entregar a las hijas vírgenes, como prenda para salvaguardar la integridad anatómica de un varón, forme parte del orden establecido. Como no sea debido a mandatos patriarcales, religiosamente protegidos. ¿Cuál es la relación entre estos textos y la irrupción de la sexualidad adulta en las vidas de niñ@s y adolescentes? En estas descripciones será preciso tener en cuenta que la evaluación moral de los hechos depende del modo de percibirlos, o sea, de aprehender la presencia del otro al mismo tiempo que reconocer la existencia del daño y del dolor de ese otro. Lo cual demanda eludir las propias inhibiciones y cegueras personales derivadas de concepciones ideológicas que no han sido revisadas y contrastadas con otros criterios. Aplicamos nuestros valores según sea la forma en que se describen los hechos, particularmente cuando aprendemos en la experiencia familiar y/o escolar: por ejemplo, para quienes no se atreven a revisar las descripciones del texto bíblico, los hechos sucedieron como siempre nos enseñaron, o sea, las hijas de Lot se aprovecharon de su padre embriagado. Para otras lecturas, se elude la ceguera que reproduce lo aprendido para mirar de otro modo lo descripto, a partir de conceptualizaciones actuales, que son las que me permiten no sólo interpretar los hechos tomando en cuenta su descripción -la percepción-, sino incorporando el concepto con que se construyó la narración bíblica: crear la culpa de la víctima, es decir, de las hijas de Lot. El efecto directriz de estas irrupciones de la sexualidad adulta se focaliza en desculpabilizar al victimario, naturalizando el delito, responsabilizando a la víctima como promotora del mismo. Lograr que la víctima sienta culpa y vergüenza por lo que le ha acaecido; es el primer efecto del arrasamiento de la sexualidad adulta sobre el niño, niña o adolescente. Suponemos que duradero: la experiencia clínica nos evidencia que reacciones personales y sociales de una pléyade de seres humanos, treinta o cuarenta años después de padecida la violencia sexual, se comportan, frente a la sexualidad o frente a las diferentes formas de libidinación placentera, con respuestas absolutamente impropias y alejadas de lo que podría considerarse esperable en forma de disfrute. ¿Por qué hablamos de los efectos de la irrupción de la sexualidad adulta en la historia de vida de niños y de niñas? Porque necesitamos ponerle nombre a ese daño horroroso. Entonces enunciamos clasificaciones, como por ejemplo el efecto durante los dos primeros años después de cometido el delito, o los efectos en determinados comportamientos. O sea, necesitamos sostenernos en la canónica de las clasificaciones y enunciaciones correlativas para otorgarle sentido a lo que también nos daña en tanto testigos de esos efectos. Nominar la persistencia de esos daños nos impulsa a otra índole de registro, de percepción, reconocer que pudo haberse impedido, o sea, que pudo no haber sucedido aquello horroroso. Premisa que posiciona el ataque adulto en el ámbito de la contingencia, circunstancia que fundamenta la justicia que se reclama para la víctima. Esa contingencia define nuestra impotencia ante quienes deciden victimizar al niño o a la niña, en tanto no cuentan con protección que permita prever el delito, exceptuando aquellos niños y niñas que han sido advertidos y pueden zafar del ataque. De lo contrario, lo contingente y por ende impredecible de las violaciones, incestos y abusos (que son categorías diferentes), constituye el soporte de la irrupción de la sexualidad adulta en la vida de la niñez. Interesa apreciar esta variable para superar las habituales clasificaciones que apuntan a reproducir la escena del delito, ya que cada vez que enunciamos los efectos -insomnios y pesadillas, lenguaje sexualizado y otros síntomas- nos incluimos, necesariamente, en la escena del delito: "El niño tiene esta respuesta porque le hicieron tal cosa". Explicitación necesaria para la realización de un psicodiagnóstico, pero insuficiente para reflexionar acerca de otros niveles de análisis. Así como precisamos incluir, en las variables de los efectos, la tesis del encarnizamiento, palabra cuyo significado es: "Crueldad con que alguien se ceba en la desgracia de otro". Es un vocablo que actualmente se prioriza en bioética para referirse al encarnizamiento terapéutico, prolongando la vida de determinados enfermos, al costo de la sacralidad del derecho a una muerte propia y natural, digna, sin postergaciones artificialmente sostenidas. La utilizo en su indudable asociación con la carne, palabra con doble origen griego y latino (sarx en griego, caro-carnis en latín), una de cuyas acepciones remite a los apetitos sensuales, a cargo del victimario, y su tercera acepción se refiere a la pulpa, la parte tierna o blanda del interior de los árboles o de los frutos, que sin duda es la que aporta la víctima. Ya sea mediante su cuerpo arrasado tanto en sus genitales vírgenes de contactos sexuales ajenos, es decir, tiernos, cuanto en sus miradas y sensaciones alejadas del espectáculo que la genitalización brutal protagoniza. Al utilizar la palabra encarnizamiento, distingo carne (en su acompañante latino caro) del vocablo cuerpo (corpus), dado que carne es vocablo utilizado tradicionalmente -desde tiempos medievales- en asociación con aquello que se opone al espíritu. Los efectos de estas irrupciones de las sexualidades adultas en sus víctimas generan deterioro en la carne corporalmente registrada, en tanto lesión, y tambien desencadenan temblor psíquico -metafóricamente hablando- en su funcionamiento como reproducción postraumática de lo padecido, y aun en los casos en los que ha sido posible lograr un orgasmo reflejo en la criatura, produce daño como asombro sorprendido en relación con las respuestas del propio cuerpo. Preciso es incluir el efecto de iniciación apelando a la deformación del sentido de lo iniciático vinculado con lo espiritual. Se trata de una iniciación mediante la vulneración del derecho a consentir en el ejercicio de la propia sexualidad a partir del raciocinio; raciocinio que en este tema podemos inferir ausente en el niño o la niña y aun en las adolescentes, cualquiera de ell@s captad@s, inclusive, por los efectos de la fascinación, de la seducción y tal vez de la imitación. O sea, en tanto corpus y en tanto caro, en tanto cuerpo y en tanto su alternativa de lesionar la espiritualidad de la víctima, el daño es de tal índole que reclama, en cada situación, diagnóstico diferencial, con clara vigencia de lo psíquico, de lo corporal y de lo sacral como categoría reconocible en el sujeto, es decir, con perspectiva de una unidad inmanente, inseparable de él.
Lo vivencial
Vivencias implica mente, emociones y cuerpo respecto de la propia sexualidad. Sin necesidad de la aparición del trauma, el sujeto puede procesar de manera traumática sus vivencias acerca de la sexualidad, particularmente de las representaciones de su sexualidad reprimida. El resultado de esa represión es que el efecto irrumpe, no ante el recuerdo y/o representación de sus vivencias sexuales, sino como lo que ha sido vivido, sin lograr ser significado, es decir hablado, tramitado y de ese modo aquellas vivencias continúan produciendo efectos. (Los lacanianos dirían que lo que se fija es un goce que irrumpe como lo vivido y no ante el recuerdo, que no ha sido significado y eso sigue generando efectos.) Cuando la víctima puede comenzar a hablar, inicia un proceso significante que, paradójicamente, a medida que se desarrolla, incluye una sensación de "lo imposible", un vacío en su comprensión que al mismo tiempo se anuda en la características simbólica de su narración. En éste se introduce un particular fenómeno de fantasma: habla de lo que le parece imposible haber vivido, imposibilidad que resulta asociada, anudada con el significante que la palabra le aporta. Para quien escucha la declaración a distancia comienza a tomar sentido la descripción de los hechos, en tanto brota la claridad de lo sucedido, pero en ese momento la víctima está sumergida en el vacío de darse cuenta de que lo sucedido es un imposible, que no pudo haberle sucedido "eso". Este fenómeno no es el menor de las inconvenientes con los que nos encontramos quienes escuchamos a las víctimas.
El estrago
En el momento en que la víctima puede comenzar a contar lo que esperamos (situación del otro que escucha y que constituye un indicador clave para la evaluación de los hechos), tratamos de reconocer lo "real" (queriendo decir auténtico o genuino) del trauma que incluirá los antiguos fantasmas vinculados con el modo en que procesó inicialmente el registro de su sexualidad. O sea, el conocimiento de la estrictez, exactitud de lo acaecido cuando se l@ victimizó queda atrapado por diversas variables: las ya conocidas que se refieren al trato que recibió en su familia o en la escuela cuando comenzó a contar, el abordaje profesional inicial, la familiaridad o no del victimario y otras variables descriptas sistemáticamente en aportes técnicos, aquello que mantiene a la víctima en contacto con lo imposible de ese agujero donde fue sumergida. Será su propia convicción acerca del episodio traumático lo que se convertirá en un efecto subjetivo, que acompañe a todos los síntomas conocidos, o a la desaparición de ellos. Lo imposible inquietante es lo imposible del orden quebrado, el ingrávido y persistente fantasma que acompaña de manera no inevitablemente insuperable, pero sí memorable, haber quedado atrapado en la frontera que separa lo sacral de lo profano, desfondada la integridad sexual. La lujuria del adulto (luxuria) atenta contra tal integridad: es un pecado capital para los cristianos que violenta el orden racional y promueve la concupiscencia. Los escolásticos del siglo XIII sostenían que el estupro, el rapto, el incesto, el pecado contra natura (homosexualidad) -entre otros- constituían las diversas especies de la lujuria. Dimensiones a las que debemos añadir los desórdenes morales de la palabra, estudiados por Tomás de Aquino, para quien la fuerza de este pecado es aquello que en el plano del discurso determina la matriz del mismo, puesto que el lujurioso habla de las torpezas que anidan en su interior y ordena sus palabras en busca de placer (peccatum oris). Por lo general de índole grosera, como sucia acumulación de palabras vulgares, sórdidas e impuras. El análisis de aquello que la concupiscencia sea nos conduce a los textos escolásticos (tardomedievales), cuando se incluyó el vocablo fomes -sin traducción actual-, que se refiere al apetito por lo sensible, por lo general de manera desordenada (empezando por Adán y Eva, que actuaron presionados por sus pulsiones). Se la reconoce como una "inclinación". Lo cual no es gratuito, porque Guillermo de Ockam, en una de sus obras, habrá de sostener algo que podría resultar riesgoso para nuestra orientación actual frente a estos delitos. Afirma que la concupiscencia apunta a los estados mórbidos de la carne que inclina el apetito sensible del hombre a un acto inmoral, y por otra parte al estado del cuerpo que inclina el apetito sensible a un acto más intenso de lo que dicta la razón, "como si lo estuviera de manera innata". Aseveración que suma puntaje para la convicción acerca de lo indomable de tales impulsos, al mismo tiempo que exculpa a quien los asume en hechos reales. En el horizonte, la profanación del sujeto/niñ@, la subversión del orden que garantice la convivencia entre adultos y criaturas, el estrago como devastación no sólo en tanto cuerpo profanado sino vivencias in-significadas y consagración del placer adulto que constituye otro efecto de los incestos, abusos y violaciones, cuyo orden de registro no se dimensiona en la víctima sino en la toxicidad social que la impunidad de los victimarios desparrama. El estrago se dimensiona en el ida y vuelta de cada movimiento que ejecuta el agresor y se consagra en la denuncia cuando ésta no es atendida. La denuncia, que avala el daño, es la que debe sostenerse, porque es la palabra de la víctima. El delito se ramifica en el sujeto que lo comete, la denuncia es la que garantiza el derecho de la víctima y la que inscribe socialmente la dimensión del daño. El estrago se consuma si no se escucha la palabra de los niños y de las niñas, si la Justicia se ocupa de clasificar el delito en lugar de reparar el derecho de la víctima.
(c) 2000-2007 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados May 15 La irrupcion de lo femenino (Julian Peragon)Este número lo dedicamos a lo femenino porque es evidente que los tiempos hace ya mucho que están cambiando y la Nueva Era tan esperada parece que viene de la mano de estos valores, sentidos como más integradores, más íntimos y más amorosos. Sin querer caer en estereotipos, la Vieja Era patriarcal parece abocada a un callejón sin salida. Aquella estrategia de conquista y triunfo, de competitividad y crecimiento ilimitado ya no da más de sí en medio de guerras intestinas alrededor del orbe, miseria y hambrunas generalizadas, superpoblación descontrolada, recursos escasos de materias primas, y desastres tras desastre ecológico. Todos estamos diciendo ¡Basta!. A estas alturas, dentro del tercer milenio, nadie discutiría históricamente el paso evolutivo que va del mito al logos, el desarrollo de la razón, de la mente lógica y especulitiva, el ingenio del hombre y su apuesta tecnológica, pero cuando la razón se desconecta de su anclaje que es el corazón produce engendros absurdos que pueden poner en peligro –tal como lo estamos viviendo– la totalidad de la vida y el mismo sentido de la humanidad. Lo femenino nos reclama a hombres y mujeres aunque es ésta la que está tomando la delantera ya que no tiene nada que perder en el cambio. Ella es, según estudios sociológicos, la que más estudia, la que más viaja, la que más asiste a espacios de crecimiento. Ella es la que asiste con fuerza al mundo público sin abandonar su papel tradicional en el hogar aunque ello conlleve a menudo una esquizofrenia y una rebeldía ante la gran carga que tiene que llevar. No obstante, aunque la liberalización de la mujer en estos momentos no tiene parangón en la historia no olvidemos que los riesgos no son despreciables: la ingenería genética en la fecundación que pretende controlar la propia selección natural; los mismos controles indiscriminados de natalidad; el paro masivo que se ceba en la mujer cuando los tiempos son de crisis; el alejamiento en el ámbito de la educación de sus hijos; la presión sobre su comportamiento y sobre su estética como mujer objeto, y un largo etcétera. La mujer, al igual que el hombre al mirarse en ella, tiene que recuperar una imagen más completa de ella misma. Para ello tiene que desenmascarar a la historia que la ha dejado a un lado y encontrar aquellos otros tiempos cuando ella era la detentadora del poder más alto, el de comunicarse con lo espiritual, el de bendecir las siembras, los nacimientos, la despedida de los muertos y las ofrendas en el amor. Era la sacerdotisa y su poder era evidente porque daba a luz cuando los dioses se comunicaban con ella. Todo cambió cuando otros pueblos más bárbaros del norte vinieron a revolucionar el Olimpo y a relegar a la Diosa Blanca a una mera consorte y sierva de un primerizo y arrogante dios. Ella no obstante fue víctima de los nuevos tiempos pero también cómplice, y delegó cansada todo el control del universo a su esposo y padre celeste, pero conservó bajo su dominio el viento, el destino y la muerte, cosas en las que no atina la lógica del hombre. En esa espera, las estrategias de dominación del hombre sobre la mujer fueron múltiples, la mujer tuvo que irse a la casa del marido en su casamiento perdiendo la seguridad de su familia; estuvo controlada –cuando no mutilada–sexualmente; sus hijos perdieron el apellido materno; perdió la voz, la decisión, la libertad y el contacto con otras mujeres posibles de solidaridad. El hombre, siempre temeroso, dividió al mundo en bueno y malo, y puso lo brillante, la palabra, la ley, la razón de su lado y dejó a la mujer el cuerpo pecaminoso, las corazonadas y las habladurías, las intuiciones misteriosas. En ese abismo creado toda mujer sabia, curandera fue tratada de hechicera en comunión con el diablo, y hasta en los concilios le fue negada el alma. La mujer olvidó por pura supervivencia y se adaptó como bien sabe hacerlo, aunque las nanas y los cuentos que relataba a sus hijos permanecieran los mensajes donde el pequeño batía al gigante, el débil engañaba al poderoso malvado, y el marginado/a se alzaba con el amor del principe o princesa. Mensajes de vida que anteponían a la cultura de muerte, de guerra, de jerarquía y orden estricto social. A la mujer no le quedó más remedio que ser la vírgen, la madre o la puta cuando no se retiraba del mundo como monja, y el hombre se vivió en cuanto a ella como protector, tutor y controlador temeroso de que sus hijos no fueran suyos, y de que sus secretos se divulgaran, y que su imagen íntima lo delatara, y de que sus decisiones y conocimiento fueran rebatidos, o temor a mostrar su dependencia afectiva, y tantas y tantas cosas que da miedo reconocer. Ahora la mujer ha madurado y el hombre tendrá que hacerlo con ella pues formamos partes de un todo indisociable. El excesivo celo del hombre en cuanto a la mujer no es más que la muestra de lo tremendamente importante que es para él, y también de su envidia de dar vida o quizás de su belleza, aunque éste, muy astuto, lo haya disfrazado proyectando en ella la «envidia de pene». Sexismo y racismo necesariamente van de la mano pues son lo que son, estrategias depuradas de dominación. Lo que pasa es que el hombre se olvidó que con la dominación y control de todo lo que sentía extraño se quedaría solo en un universo donde el misterio le daba la espalda. No es extraño que nosotros los hombres también deseemos el cambio y aceptemos, aunque a regañadientes, el retorno de la diosa. Con todo, decíamos que los tiempos han cambiado y ahora lo femenino ya no puede ser confiscado por nadie pues pertenece a la vida, y el mismo mito de la Era de Acuario habla de integración de los valores femeninos y masculinos tanto en el hombre como en la mujer, hacia un modelo de persona más autónomo y solidario con el otro, con los otros, en definitiva con la diferencia. El futuro está en la androginia, no como la pérdida de la diferencia en un ser amorfo sino como la aceptación de que el dar y el recibir, el desear y el ser deseado, el decir y el escuchar, forman parte intrínsicamente de uno y de una. Tenemos mucho que descubrir. Como conectarte de otra forma con tus orgasmos (mujeres)¿Tienes dificultades para llegar al orgasmo?, ¿te parece que nunca has tenido uno?, ¿piensas que los tuyos no son como los que cuentan tus amigas?
Si es así, esta nota es para ti.
El orgasmo es una pulsión natural del organismo. Todo cuerpo tiene potencialidad natural de vibrar, de sentir esta pulsión. La intensidad, la frecuencia y la sensibilidad, la forma en que se siente es individual y único en cada mujer. Hay muchas opciones: puede ser un diálogo entre yo y la vida, entre yo y un objeto, entre yo y yo misma, algo que sube mi energía, algo que me erogeniza, ejerce el rol masculino (en el caso de la mujer), penetra por alguno de mis sentidos. Me dejo penetrar por ese algo, que me erotiza.
Es como charlar con alguien pero estar pensando al mismo tiempo en una discusión con mi papá. La clave para una vivencia poderosa de la sexualidad es abrirse, estar totalmente presente en el contacto con el otro.
Ejercicios corporales para sacar la rabia Primero es necesario darse cuenta de la presencia de la rabia. En segundo lugar, se trata de recordar cómo la sacaba siendo chico o chica (con gritos, golpes, pataletas). Hay dos posibles ejercicios para hacer:
Re-erotizar a una mujer anorgásmica Sexóloga holística - CorporalistaEl enamoramiento necesita dueloEscuché decir en una reunión de amigos que así como todo en esta vida se pasa, el amor también. Autores han dedicado poemas, canciones y libros enteros a describir ejemplos y nos han llenado de sentimientos diversos, sin embargo pocos sabemos realmente si esto será verdadero. El solo hecho de pensar que el fuego del amor, como muchos lo conocemos, se pasa… nos da escalofríos. ¿Qué es lo que nos emociona? Comencemos con un ejemplo, Andrea conoce a Diego en una cita a ciegas que resultó un éxito. Diego quedó prendido de Andrea y comienza el proceso de conquista. Llamadas, correos, mensajes, salidas y pronto se encuentran saliendo todos los días. Existe una enorme necesidad de estar juntos, los dos se sienten en las nubes, todo es perfecto. Ahora ya son novios, son todo lo que soñaron el uno para el otro, no hay otra persona mejor. En esencia todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida. La raíz de la palabra emoción es motere, el verbo latino “mover” además del prefijo “e” que implica “alejarse” lo que sugiere que en toda emoción hay implícita una tendencia a actuar. Cada emoción nos hace reaccionar de diferente manera biológicamente. Por eso cada vez que vemos a la persona que queremos o deseamos se desatan reacciones que no controlamos. En el caso de la felicidad hay un aumento de la actividad del centro nervioso que inhibe sentimientos negativos y favorece la energía disponible. Fisiológicamente se produce una tranquilidad que ofrece un descanso general además de buena disposición y entusiasmo. Con el amor, los sentimientos de ternura y satisfacción sexual dan lugar a un despertar parasimpático, lo opuesto a lucha o huir, generando un estado de calma y satisfacción facilitando la cooperación. Con esto podemos ver que el amor tiene un impacto en nuestro cuerpo, físicamente suceden cosas en las que no tenemos control. Como estas reacciones son biológicas entonces por ende son variables no permanentes, así comprobamos lo que se dice, que el amor se acaba. Claro pero el amor físico, imaginémonos que viviéramos en ese éxtasis todo el tiempo, no sería natural. Pero qué pasa con el amor a la persona, ese que no se puede describir con palabras. Termina el enamoramiento, comienza el amor Como se ha de suponer en nuestro ejemplo, Diego y Andrea llevan ya meses de noviazgo y lo que antes a Andrea le parecía gracioso de Diego ahora es insoportable y Diego cada vez quiere estar más tiempo con sus amigos porque Andrea siempre lo está “presionando” o corrigiendo. Un día se ven y dicen, “¿qué pasa con nosotros?”, “estoy aburriéndome”, “ya no tengo necesidad de llamarle”. Cada uno siente que ya no está esa chispa que había antes. Sin embargo no se acabó el amor, de hecho apenas comienza. Lo que sucede es que terminó el enamoramiento. Todo enamoramiento es transitorio, es una fase para pasar al amor real o verdadero, esto puede suceder durante el noviazgo o incluso después en el matrimonio. No se extingue sino que se transforma, sin embargo si cuando éste termina, la pareja no logra empatar ninguna de las expectativas de ambos debido a la diferencia tan marcada de lo que es real con lo imaginario, la relación llegaría a su fin. Esto es lo que sucede desgraciadamente en muchos matrimonios que sufren de divorcios porque “cuando éramos novios ella o él no era así.” El duelo es parte natural en las relaciones Lo primero que sucede en la pareja cuando termina el enamoramiento es una crisis y desilusión que permite la evolución y la manifestación de todo un potencial de maduración para cada uno de los integrantes y la pareja en su conjunto. Todas las parejas que no renuncien a la confrontación con la realidad, que mantengan un contacto con ella y una comunicación sincera, pasarán por este proceso tarde o temprano. Esto llega cuando se presenta la exigencia de realizar una relación concreta y de fundar un proyecto de vida en común. La fase que sigue ofrece a la pareja una nueva forma de llevar la relación más dinámicamente. Este empujón a la realidad obliga a la pareja prestar más atención a otros objetos, no sólo a sí mismos. Se | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||